¿Sabes cómo está la autoestima de tu hijo y la tuya como madre o padre?

La autoestima es lo que pensamos de nosotros mismos, de nuestras capacidades, habilidades y destrezas. Tener una buena autoestima es muy importante, dado que de ella depende gran parte de nuestro potencial personal y de nuestros logros en la vida. Nuestra autoestima puede ser alta o baja y se va formando desde nuestra infancia con las vivencias o experiencias que hemos tenido en nuestro pasado.

Decirle a nuestro hijo(a) que es malo o bueno, decirle que lo quieres solo cuando se porta bien, hablarle con insultos y poniendo etiquetas, criticar cuando comete errores, negarle responsabilidades porque temes que lo va a hacer mal, hablar de él como que no estuviera presente o mantenerlo distante condicionando el cariño, cuando lo comparas con otros niños, estas son algunas de las formas en que comúnmente los padres sin saberlo, lastimamos la autoestima de los hijos.

Si hemos sufrido situaciones donde nos hemos sentido poco valorados, criticados, poco respetados o no se nos ha prestado la atención que creíamos que necesitábamos, nuestra autoestima baja debido a las interpretaciones internas que hemos experimentado sobre ello, ya que siendo niños, no teníamos la capacidad de discernir que esos juicios que recibimos no eran verdad, sino que eran por la forma en la que había sido criado mi madre o padre; y dado ello dio lugar a no creerme las cosas buenas que tengo y en su lugar desencadene un pensamiento de tipo  “no soy bueno”, no soy suficiente”, “no valgo”, “no puedo”, etc.

Mientras vamos creciendo durante nuestra infancia y adolescencia, esos disparos de creencias, juicios y miedos dañan nuestra autoestima, y no nos permite apostar por todo ese potencial interno que tenemos.

Las principales consecuencias de la baja autoestima son que:

  • No se sienten merecedores, se privan de todo, poniéndose en último lugar y así pierden el placer de sentirse merecedores de disfrutar también de las cosas.
  • No se sienten valiosos, se pierden de sentir que no son importantes para otras personas.
  • No quedan satisfechos con las decisiones que toman, se sientes inseguros.
  • Tienen una tendencia hacia el perfeccionismo, que hace que no queremos errar, y por ende tenemos miedo a actuar para no equivocarnos, sin darnos cuenta que haciéndolo es la única forma de mejorar cada vez.
  • De adultos viven en relaciones afectivas tóxicas, de las que difícilmente se permiten escapar.

¿Cómo podemos nutrir la autoestima de nuestros hijos?

  • Analízate, analiza primero cómo está tu propia autoestima, si tú tienes una autoestima sana o dañada eso es lo que le transmitirás a tus hijos.
  • Motívalo, motiva a tu hijo(a) a que se atreva a correr riesgos, que salga de su “zona de confort”, no pasa nada si se equivoca.
  • Reconócelo por lo que es, dale valor al ser humano que es, no vale solo cuando te traiga una medalla, meta un gol o saque buenas notas, no vale por lo que logra sino por lo que es. Ganar o perder es parte de la vida y eso no lo hace menos persona, tu amor por él no cambia.
  • Poténcialo, con ideas positivas sobre sí mismo, refuerza lo que hace bien, sus logros, cuando se autocritique, dile frases positivas simples que afirmen lo contrario.
  • Demuéstrale, demuéstrale tu amor con acciones y díselo, abrázalo.

Cuando observes algún signo de alerta que puedes tener o puede tener baja autoestima tu hijo, te propongo que te hagas o le hagas las siguientes preguntas:

  • ¿Por qué creo que no soy bueno(a) en esto?
  • ¿Qué hace que tenga ese pensamiento? Es por mi propia experiencia o proviene de alguna situación que fue generada por otros.
  • Si lo que acabo de hacer o realizar (y que critico) lo hubiera hecho un amigo, ¿qué nota le hubiera puesto valorando el esfuerzo y trabajo que hizo?

La buena noticia es que podemos remontar una baja autoestima, no tiremos por tierra nuestras metas por causa de falsas creencias.

¡Vamos! Ponte a prueba y reconoce ser esa persona valiosa y capaz que eres, permite salir y brillar todas las capacidades que tienes. ¡VALORATE!

Escrito por Madeleine Peralta,

Directora de FRAMA FÚTBOL y Coach Ontológico.

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